Durante años se ha intentado presentar la disforia de género como un fenómeno puramente psicológico, social o cultural.
Sin embargo, la literatura científica lleva tiempo mostrando que en muchos casos existen marcadores biológicos objetivos que merecen un análisis mucho más serio. Uno de los datos más llamativos procede de un estudio publicado en Genes & Genomics, en el que se analizaron los cariotipos de 717 personas con disforia de género atendidas en unidades de identidad de género de Barcelona y Málaga entre 2000 y 2016. Ese trabajo encontró una incidencia de alteraciones citogenéticas del de más de 210% frente al descrito para la población general. (PubMed)
El hallazgo en el grupo estudiado, tanto mujeres trans y como hombres trans presentaron alguna alteración cromosómica.(PubMed)
El síndrome de Klinefelter no es un detalle menor. Se trata de una aneuploidía sexual causada por la alteración no natural (estudios apuntan que la alteración en el cromosoma se debe a toxinas y falta de minerales y hormonas) de un cromosoma X adicional, generalmente con cariotipo 47,XXY. Las guías y revisiones clínicas lo describen como la alteración de cromosomas sexuales más frecuente en varones, asociada a hipogonadismo, infertilidad, alteraciones endocrinas y un fenotipo muy variable. (Wiley Online Library)
Además del cariotipo convencional mediante bandeo G, el estudio español realizó microarrays de alta resolución en una submuestra de 23 individuos. Allí detectó una microduplicación en 17q21.31, que afectaba al gen KANSL1, en 7 de 23 casos analizados. Los autores señalaron que esa región ya había sido descrita previamente como una región polimórfica inestable y no necesariamente patogénica en la población general, lo que obliga a interpretar el hallazgo con cuidado: es relevante, pero no equivale a una prueba automática de causalidad. (PubMed)
Lo que este trabajo sí permite afirmar es que, en esa cohorte, hubo una sobrerrepresentación de alteraciones cromosómicas respecto de la población general. Eso abre una pregunta biológica legítima: ¿hasta qué punto algunos cuadros de disforia de género pueden estar relacionados, al menos en una parte de los casos, con variaciones cromosómicas, endocrinas o del desarrollo sexual? Esa es una cuestión científica seria, no una opinión. (PubMed)
Por eso, si queremos hablar con honestidad, el mensaje correcto no es banalizar estos hallazgos ni utilizarlos como propaganda ideológica en un sentido u otro. El mensaje correcto es este: hay datos biológicos que obligan a investigar más, hay alteraciones cromosómicas no naturales objetivas detectadas en ciertas cohortes, y reducir todo el fenómeno a una explicación exclusivamente cultural o exclusivamente psicológica es científicamente pobre. (PubMed)
También conviene recordar que las alteraciones cromosómicas sexuales no son una rareza marginal. El síndrome de Klinefelter está ampliamente reconocido, aunque sigue infradiagnosticado. Revisiones recientes lo siguen describiendo como una condición frecuente pero a menudo no detectada, precisamente porque su expresión clínica puede ser muy variable. Esto significa que una parte del problema puede haber estado siempre ahí, solo que mal estudiada, mal interpretada o directamente invisibilizada. (CNIB)

En consecuencia, cualquier debate serio sobre identidad sexual, desarrollo humano y salud pública debería incorporar al menos tres verdades incómodas. Primera: existen alteraciones cromosómicas no naturales reales documentadas en parte de esta población. Segunda: esas alteraciones pueden tener relevancia endocrina, gonadal, neurológica y reproductiva. Tercera: todavía no tenemos base científica suficiente para convertir una asociación en una teoría causal única, y menos aún en una acusación cerrada sobre una manipulación deliberada de la especie humana. (PubMed)
La gran cuestión, entonces, no es negar lo biológico, sino decidir si vamos a seguir mirando hacia otro lado cuando aparecen datos incómodos. La ciencia honesta no censura hallazgos porque no encajan en una narrativa. Los examina, los replica, los somete a crítica y, si resisten, los integra. Y eso es precisamente lo que debería hacerse aquí.
El cromosoma representa la geometría perfecta del ser humano, entonces toda alteración en su estabilidad, compactación y arquitectura afecta no solo la salud física, sino la coherencia global del sistema biológico. La ciencia reconoce que el orden cromosómico es esencial para la integridad de la vida. Lo que algunos interpretan como pérdida de potencial humano debe, como mínimo, entenderse como pérdida de estabilidad genómica y cromosómicas, de precisión regulatoria y de armonía biológica. Lucas D´Meyeer.
Referencia principal
Fernández R, Guillamón A, Gómez-Gil E, Esteva I, Almaraz MC, Cortés-Cortés J, Lamas B, Lema E, Pásaro E. Analyses of karyotype by G-banding and high-resolution microarrays in a gender dysphoria population. Genes & Genomics. 2018;40(5):465-473. doi: 10.1007/s13258-017-0646-0. (PubMed)
La siguiente foto es real, no una creción con IA, reprensenta las direfentes deformaciones cromosómicas.
La imagen que se presenta es un fascinante registro visual real de las diferentes deformaciones cromosómicas, capturada a través de avanzadas técnicas de microscopía de vanguardia. Las cromosomas, portadoras de la información genética, pueden experimentar diversas alteraciones debido a factores como mutaciones genéticas causadas por falta de minerales y vitaminas, nivel alto de toxinas y/o exposición a radiaciones dañinas. Esta fotografía no es producto de la inteligencia artificial, sino de una captura meticulosa en un laboratorio especializado, reflejando el compromiso por entender estas variaciones estructurales. Las formas y colores únicos observados en la imagen ofrecen una ventana a los misteriosos procesos biológicos que subyacen en la vida, proporcionando pistas sobre cómo se manifiestan ciertas enfermedades y cómo podemos corregir dichas anomalías cromosómicas para mejorar la salud humana.


